“Manchado no es lo mismo que dálmata”: Pulti apuntó contra Montenegro y terminó exponiendo sus propios errores
El concejal cuestionó la vuelta del alcalde al Ejecutivo y consideró que su decisión de retomar la gestión implica admitir errores en el rumbo tomado. La respuesta abre otro interrogante: si el regreso es un reconocimiento de que algo falló, ¿qué responsabilidad le cabe al esquema que quedó al frente durante su ausencia?
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Gustavo Pulti volvió a cargar contra Guillermo Montenegro después de la reasunción del intendente y eligió interpretar el nuevo rumbo anunciado en materia de seguridad como una suerte de reconocimiento de errores. El concejal de Acción Marplatense - Movimiento Derecho al Futuro cuestionó la decisión de Montenegro de haber dejado la Municipalidad para asumir como senador provincial y ahora puso bajo la lupa su regreso al Ejecutivo. Pero el argumento elegido por el exintendente también puede devolverle la pregunta ya que dejó su banca en la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires para ir al Concejo Deliberante. Si volver supone reconocer que algo no funcionó, ¿qué reconoce Pulti?
La lectura de Pulti parte de una premisa sencilla, Montenegro habría advertido que la estrategia utilizada hasta ahora no alcanzó y por eso decidió modificarla, particularmente a partir de la búsqueda de una mayor coordinación con el Gobierno bonaerense para abordar la inseguridad. El concejal calificó ese cambio como positivo, aunque inmediatamente lo utilizó para cuestionar el camino recorrido por el intendente.
Montenegro tiene la responsabilidad de evitar que los problemas se sigan agravando.
El reconocimiento del intendente sobre la necesidad de coordinar y trabajar en conjunto con el gobierno provincial para combatir la inseguridad significa la admisión de un error. Es un cambio… pic.twitter.com/WvRWdEOBvw
El problema aparece cuando ese mismo razonamiento se traslada al propio Pulti. El dirigente también volvió a ocupar una banca en el Concejo después de haber dejado atrás una etapa política en la que su espacio perdió centralidad dentro del escenario municipal. Y ahí aparece la pregunta que sus declaraciones dejan servida. Si Montenegro reconoce sus errores al volver, ¿Pulti reconoce los suyos al volver al Concejo?
Porque el planteo no se agota en una cuestión personal. Pulti regresó a un Concejo en el que su espacio político debe reconstruir volumen y presencia, después de haber apostado por una representación que finalmente no le permitió ocupar el lugar que el exintendente pretendía. Bajo la lógica que utiliza para analizar a Montenegro, su retorno también podría ser leído como una señal sobre las decisiones que tomó previamente y sobre la capacidad de los dirigentes que quedaron encargados de sostener ese espacio.
Así, el argumento de Pulti termina funcionando como un espejo. El exintendente reclama que Montenegro se haga cargo de las decisiones que tomó durante los meses en los que estuvo al frente de la estrategia política municipal desde el Senado. Pero la misma vara permite preguntarse qué balance hace Pulti de su propio recorrido y de la representación que dejó en el recinto.
¿Qué errores reconoce Pulti y qué balance hace de los dirigentes que eligió para representar a su espacio? En política, los regresos también pueden funcionar como balances.