La Tecla Mar del Plata
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Con el regreso de Guillermo Montenegro a la intendencia de General Pueyrredon, el tablero político local comenzaría a crujir y las fichas habrían empezado a moverse casi por instinto de supervivencia. Ante la sospecha de que la suerte institucional podría serles esquiva, algunos sectores habrían activado de inmediato sus terminales de negociación. En el centro de las miradas se ubicaría el hombre “casta”, Santiago Bonifatti, calificado en los pasillos de la comuna como un dirigente “escurridizo”, quien evaluaría con preocupación la continuidad de él y de su grupo en la estructura municipal.
Vale recordar que, tras ser eyectado del EMSUR, el funcionario habría encontrado refugio temporal en una subsecretaría diseñada a su medida: Asuntos Estratégicos. Dicho desembarco habría contado con la venia de Agustin Neme durante su interinato al frente del Ejecutivo. Sin embargo, la reasunción del intendente titular reabriría una incógnita incómoda en las dependencias del Palacio: ¿Sostendría Montenegro un resguardo administrativo creado bajo la firma de su sucesor interino o se encaminaría hacia una segunda salida del dirigente?
Conscientes del temblor, los denominados "Bonifatti boys" habrían iniciado maniobras de aproximación para no quedar al margen del reparto de poder. El objetivo inmediato consistiría en entablar comunicación con el espacio de Gustavo Pulti con la mirada puesta en el horizonte electoral de 2027, prometiendo a cambio un eventual aporte de territorialidad y votos.
En este armado, el rol de "puente" o articulador recaería sobre Mariano “Bachi” Suasnabar. El excolaborador ultrapultista —hoy cercano a Bonifatti y con legajo como inspector especializado en el Archivo General de la Secretaría Legal, Técnica y de Hacienda— reaparecería en escena tras su mentada figuración en el escándalo de la plataforma “Vilma Pide Coima”, causa recordada por la financiación mediante tarjeta de crédito y la posterior difusión de cámaras ocultas.
La jugada no habría pasado desapercibida en los tradicionales cafés peronistas de la ciudad, donde la ironía se serviría en bandeja. Parafraseando la máxima justicialista, entre los dirigentes opositores se repetiría con mofa una nueva versión: “Para un casta, no hay nada mejor que otro casta”. Un dardo teledirigido no solo para el esquema de Bonifatti, sino también para las aspiraciones del exintendente Pulti en su intento por congraciarse con el esquema kicillofista.