La baja de impuestos que festeja LLA choca con la crisis de los motores productivos de Mar del Plata
Mientras Emiliano Recalt celebró la reducción de la presión tributaria anunciada por el Gobierno nacional, en la ciudad los sectores que podrían beneficiarse de esas medidas atraviesan dificultades estructurales. Puerto, campo y producción enfrentan conflictos, falta de inversión y problemas que no se resuelven solo con una baja impositiva.
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El presidente del Concejo Deliberante, Emiliano Recalt, salió a celebrar uno de los anuncios que el Gobierno nacional busca mostrar como una de sus principales banderas económicas: la reducción de la presión tributaria proyectada para 2026, que según un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf) alcanzaría su nivel más bajo desde 2006.
“No es magia señores! Es convicción, es compromiso y visión de país”, escribió el dirigente de La Libertad Avanza en sus redes sociales, en línea con el discurso oficial que plantea la baja de impuestos como una herramienta para impulsar la producción y devolverle competitividad a los sectores económicos.
LA LIBERTAD AVANZA.
Una decisión del Presidente @JMilei. No es magia señores! Es convicción, es compromiso y visión de pais. . . Por la baja de las retenciones, la Argentina tendrá en 2026 la menor presión tributaria de los últimos 20 años - Infobae https://t.co/jG40Im59Dr
Sin embargo, el anuncio abre una discusión en Mar del Plata ¿Qué impacto real tendrá esta reducción sobre los sectores productivos de la ciudad que atraviesan una situación compleja?
La baja de retenciones y la eliminación del Impuesto PAIS aparecen como dos de los principales puntos destacados por el informe del Iaraf. Una medida que beneficia especialmente a las actividades vinculadas al comercio exterior, entre ellas el sector agropecuario y exportador. Pero en General Pueyrredon, esos sectores llegan a este escenario con dificultades acumuladas.
El cordón frutihortícola local, uno de los más importantes de la provincia, atraviesa una etapa marcada por la caída del consumo, menores niveles de producción y un aumento de los costos. A eso se suman problemas históricos vinculados a la infraestructura rural, como el deterioro de los caminos y la falta de obras hidráulicas, que condicionan la actividad y el traslado de la producción.
Aunque una menor carga tributaria puede representar un alivio para los productores, la discusión en la ciudad pasa también por las condiciones necesarias para que esa producción pueda crecer. Sin caminos adecuados, infraestructura y planificación territorial, la reducción de impuestos aparece como una herramienta insuficiente frente a problemas de fondo.
La situación del puerto marplatense muestra otro escenario complejo. Mientras el Gobierno nacional busca mostrar a las exportaciones como uno de los motores del crecimiento, la industria pesquera continúa atravesada por conflictos laborales, caída de rentabilidad y tensión entre sindicatos y cámaras empresarias.
El reciente estado de alerta declarado por Siconara volvió a exponer las dificultades de una actividad clave para la economía local. La disputa por convenios colectivos, liquidaciones y costos operativos se suma a un año donde la pesca quedó en el centro de múltiples reclamos y conflictos.
En ese contexto, la baja de impuestos aparece como una señal positiva para los sectores exportadores, pero llega a una ciudad donde sus principales motores económicos todavía enfrentan problemas estructurales. La apuesta del Gobierno nacional apunta a liberar cargas para generar crecimiento. El desafío local será si esas medidas alcanzan para revertir un escenario donde la producción convive con falta de infraestructura, conflictos laborales y pérdida de competitividad.
La postal marplatense expone así una tensión entre lo macroeconómico y la realidad cotidiana. Mientras desde el oficialismo celebran un alivio tributario histórico, los sectores que deberían encabezar esa recuperación todavía esperan condiciones básicas para poder despegar.