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Martes, 19 mayo 2026
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19 de mayo de 2026
POSTALES CRUZADAS

El Bristol Center y el día que las ideologías cambiaron de vereda en el Concejo Deliberante

El debate por la parálisis de más de 50 años del emblemático complejo marplatense reabrió las discusiones en la comisión de Obras. En un llamativo giro político, el oficialismo del libre mercado pide la intervención estratégica del Estado mientras la oposición cuestiona el auxilio público. Sin embargo, detrás de las intenciones de rescate urbanístico, asoma la duda de si el verdadero motor del proyecto no será, en realidad, abrirle la puerta a un millonario negocio de publicidad en la fachada más cotizada de la ciudad.

El Bristol Center y el día que las ideologías cambiaron de vereda en el Concejo Deliberante
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La fisonomía urbana de Mar del Plata convive desde hace medio siglo con una cicatriz de hormigón que se resiste al paso del tiempo y a las sucesivas gestiones políticas. El Complejo Bristol Center, emplazado en la manzana más cara y neurálgica del microcentro, frente a la Rambla y al Casino, volvió a encender el debate legislativo en el Concejo Deliberante. En la comisión de Obras se dio el primer tratamiento al expediente 1347/26, un proyecto de comunicación impulsado por el concejal oficialista Guido García (Coalición Cívica que solicita informes detallados sobre la situación del inmueble. Sin embargo, más allá de la urgencia urbanística de un gigante dormido desde 1976, la jornada dejó al descubierto una flagrante paradoja ideológica donde los roles tradicionales de la política local parecieron invertirse por completo.

Guido García pertenece a un espacio político que, en el mapa de alianzas actual, sintoniza con los lineamientos de La Libertad Avanza en el Gobierno Nacional, caracterizados por la premisa del achicamiento del Estado, la desregulación y la preeminencia de la iniciativa privada. No obstante, fue el propio García quien se puso al hombro la necesidad de que el Estado municipal actúe como un componedor activo e intervenga mediante un régimen urbanístico especial para rescatar el complejo. El edil argumentó que la ciudad no puede "naturalizar" una postal de abandono que avergüenza a los marplatenses y confunde a los turistas. Su propuesta no es punitiva, ya que los intentos de sanción previos naufragaron incluso en la Suprema Corte de Justicia, sino que busca generar incentivos: un marco normativo excepcional que permita la instalación de pantallas digitales y soportes publicitarios en la fachada para que el consorcio administrador pueda recaudar fondos y reactivar las obras.

No obstante, es precisamente este punto el que enciende las alarmas en los pasillos del deliberativo: ¿es el rescate edilicio el fin último o el marco normativo excepcional es solo la llave para habilitar un fenomenal negocio publicitario en la manzana más vista de la costa? La sospecha de que el expediente sea, en el fondo, un traje a medida para la comercialización de cartelería a gran escala —disfrazado de sensibilidad urbanística— sobrevuela una discusión que va más allá de la arquitectura. Para García, el Estado debe desplegar herramientas de facilitación administrativa en pos del bien común y la estética de una zona clave, que pronto se complementará con la instalación del monumento a Juan Manuel Fangio en la plazoleta de enfrente.

En la vereda opuesta, la respuesta sembró la sorpresa. Pablo Obeid, concejal de Unión por la Patria, militante de La Cámpora y representante de un esquema político que históricamente concibe al Estado como el regulador central de la economía y el garante absoluto de las dinámicas sociales, adoptó una postura de estricta cautela liberal. Si bien Obeid acompañó el pedido de informes para conocer la situación dominial y legal del edificio, se mostró marcadamente escéptico respecto a que el municipio deba intervenir, por medio de herramientas financieras, para resolver una situación que afecta a la ciudad.

Esta disputa de visiones contrapuestas adquiere mayor densidad cuando se repasa la "historia pesada" de la manzana 169. Allí se inauguró en 1888 el mítico Bristol Hotel, el epicentro dorado de la aristocracia argentina donde veraneaban presidentes como Carlos Pellegrini y Bartolomé Mitre, y cuyo acta fundacional firmó el propio heredero al trono ruso, Nicolás Romanov. Tras su demolición y el remate de su mobiliario en 1944, el empresario David Graiver proyectó a principios de los setenta el Bristol Center: un coloso de vanguardia con tres torres que tocarían las nubes, cines, pileta de agua de mar y centros comerciales. El proyecto, avalado por la dictadura de Onganía, quedó trunco en 1976 con solo dos torres sin terminar y una maraña judicial y societaria interna que atomizó el poder del consorcio. Hoy en día, el complejo funciona parcialmente con un apart hotel, locales comerciales y cocheras subterráneas, pero su esqueleto inconcluso sigue siendo una herida abierta en la vidriera de la ciudad.

Tras un intenso intercambio, la mayoría oficialista impuso condiciones y el expediente quedó en comisión, pero con el compromiso de avanzar formalmente en una triple vía de pedidos de informes para destrabar el nudo interpretativo. Los artículos 1, 3 y 5 serán girados a la Secretaría de Obras para evaluar la seguridad estructural y las factibilidades técnicas; el artículo 4 se remitirá a la Secretaría Legal y Técnica para analizar el marco regulatorio de la publicidad en bienes en desuso; y el artículo 2 interpelará directamente a la administración del Bristol Center para determinar las responsabilidades internas del consorcio y testear su predisposición ante un eventual régimen especial.

La política marplatense se hamaca así entre el pragmatismo de un oficialismo que ensaya una intervención estatal heterodoxa para embellecer la costa, y una oposición tradicionalmente estatista que, paradójicamente, hoy prefiere resguardar los recursos y las prioridades del Estado frente a una ciudad que los necesita. En todo caso, el riesgo latente es que el municipio termine legitimando un negocio de cartelería de espaldas a la comunidad, dejando el gigante de hormigón exactamente igual, pero ahora cubierto de anuncios.

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