La Tecla Mar del Plata
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“Farmear aura”. La expresión que nació en el mundo gamer y se convirtió en una de las palabras de moda entre los jóvenes también encontró su lugar en la política. En ese universo, “farmear” significa repetir determinadas acciones para acumular recursos, experiencia o puntos. En las redes, el concepto se trasladó a la construcción de una imagen: sumar presencia, generar impacto, ganar seguidores y acumular ese intangible que los más jóvenes llaman “aura”. La política entendió rápidamente el juego.
Una recorrida por un barrio, una foto en la Peatonal, una visita al puerto, una reunión con empresarios, un encuentro con vecinos o un video cuidadosamente editado pueden convertirse en nuevas dosis de visibilidad. De cara a 2027, cuando General Pueyrredon elegirá intendente y renovará la mitad de su Concejo Deliberante, los distintos espacios ya empezaron a mostrar sus cartas, aunque todavía falte para que las candidaturas queden definidas. En ese tablero aparecen nombres conocidos y otros que buscan ganar terreno. La lista, naturalmente, puede crecer.
Pero cuanto más nombres aparecen, más necesaria se vuelve una pregunta: ¿qué proyecto hay detrás de cada candidatura? Porque Mar del Plata no es solamente una ciudad grande. Es una ciudad con una escala que muchas veces la propia política parece olvidar.
El Censo 2022 registró 667.082 habitantes en General Pueyrredon. Esa cifra coloca al distrito por encima de la población total de ocho provincias argentinas. Formosa tenía 606.041 habitantes; Chubut, 603.120; San Luis, 540.905; Catamarca, 429.556; La Rioja, 384.607; La Pampa, 366.022; Santa Cruz, 333.473; y Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, 190.641. El dato permite dimensionar el tamaño del desafío.
General Pueyrredon tiene más habitantes que cada una de esas jurisdicciones, pero continúa administrándose políticamente con una agenda que muchas veces parece quedar encerrada en los problemas más inmediatos. Baches, transporte, seguridad, alumbrado, infraestructura, servicios, excepciones urbanísticas y conflictos cotidianos ocupan buena parte de la discusión pública. Son problemas concretos y necesitan respuestas. Pero una ciudad de esta escala debería poder discutir algo más.
Dos olas que cambiaron la ciudad
Mar del Plata no llegó hasta acá de manera lineal. Su historia estuvo marcada por transformaciones que modificaron su economía, su identidad y su relación con el resto del país.
La primera gran ola fue la del balneario de élite. A fines del siglo XIX y comienzos del XX, la ciudad comenzó a consolidarse como destino turístico de las clases altas argentinas. Hoteles, villas, paseos y una infraestructura pensada para ese público fueron construyendo la primera identidad de Mar del Plata.
Después llegó una segunda transformación, mucho más profunda: el turismo de masas, acompañado por el crecimiento de la industria, la pesca, el comercio y la expansión urbana. Mar del Plata dejó de ser un destino reservado para unos pocos y pasó a convertirse en una ciudad popular, productiva y de enorme peso demográfico. Aquella segunda ola terminó de convertirla en una de las principales ciudades argentinas. Ahora aparece un nuevo desafío.
La Tercera Ola
En 1979, Alvin Toffler publicó La tercera ola, una obra en la que describió el pasaje desde la sociedad agrícola e industrial hacia una nueva civilización marcada por la información, el conocimiento, la tecnología, la descentralización y nuevas formas de organización social. La idea resulta especialmente interesante para pensar Mar del Plata casi medio siglo después.
Porque buena parte de esa transformación ya está ocurriendo. La economía del conocimiento, la digitalización, la inteligencia artificial, las nuevas tecnologías, las energías renovables, los servicios profesionales y las nuevas formas de producción están modificando las ciudades y la manera en que se relacionan con el trabajo, las empresas y el Estado.
Y Mar del Plata tiene activos para participar de esa transformación. Tiene una Universidad Nacional capaz de producir conocimiento y formar profesionales. Tiene un puerto con potencial para ampliar su inserción logística y productiva. Tiene una industria pesquera de peso nacional, una actividad turística que necesita reinventarse y un sector tecnológico que viene ganando espacio. También tiene una ubicación estratégica, infraestructura y capital humano que podrían permitirle ampliar su matriz económica.
La pregunta, entonces, no es si la Tercera Ola llegará a Mar del Plata. Ya está llegando. La verdadera pregunta es si la ciudad va a subirse a ella o si, una vez más, llegará tarde a la transformación. Y ahí es donde la discusión de 2027 adquiere otra dimensión.
Porque una elección municipal puede reducirse a nombres, internas, alianzas, encuestas y redes sociales. También puede convertirse en la oportunidad para discutir qué ciudad se pretende construir durante las próximas décadas.
Del “farmear” al gobernar
En ese contexto, “farmear aura” no es necesariamente un problema. Todo dirigente que aspire a gobernar necesita construir una imagen, generar confianza y conseguir votos. El límite aparece cuando la construcción de imagen reemplaza a la construcción de un proyecto.
Una buena foto puede mostrar a un candidato caminando por un barrio. Una publicación puede instalar una frase. Un video puede conseguir miles de reproducciones. Pero ninguna de esas herramientas responde por sí sola cómo se va a transformar el transporte, cómo se va a generar empleo, qué se hará con el puerto, cómo se aprovechará el conocimiento producido por la Universidad, cómo se ordenará el crecimiento urbano o qué lugar tendrá Mar del Plata en la economía del futuro. Ahí aparece la diferencia entre hacer campaña y pensar una ciudad.
Porque los problemas inmediatos van a seguir existiendo, pero una dirigencia que solamente administra la coyuntura corre el riesgo de dejar pasar las oportunidades que aparecen por fuera de ella.
Mar del Plata tiene una población superior a la de ocho provincias. Tiene una economía diversificada, una universidad, un puerto, una industria estratégica, turismo, producción y conocimiento. Sin embargo, todavía discute buena parte de su futuro con herramientas que parecen pensadas para otra época. Por eso, la pregunta hacia 2027 no debería ser solamente quién tiene más posibilidades de ganar. Tampoco quién tiene más seguidores, quién consigue más fotos o quién logra acumular más “aura”. La discusión debería ser quién tiene capacidad para conducir la próxima transformación de la ciudad.
¿Quién puede pensar una Mar del Plata que no solamente resuelva sus problemas históricos, sino que aproveche sus ventajas para generar nuevas oportunidades?
La carrera electoral recién empieza. Los nombres pueden cambiar, las alianzas pueden modificarse y todavía falta mucho para que las urnas hablen. Pero hay algo que debería quedar planteado desde ahora: farmear votos puede servir para llegar al poder. Para poner a Mar del Plata en el siglo XXI hace falta estar a la altura de la ciudad que se pretende gobernar.