La Tecla Mar del Plata
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La reestructuración de la Policía Bonaerense dispuesta por el Ministerio de Seguridad provincial vuelve a generar preocupación en General Pueyrredon. A la reducción de móviles de la Patrulla Rural se suma ahora otro dato señalado por productores y vecinos: las comisarías de la periferia habrían perdido los patrulleros y buena parte de su personal para conformar los nuevos comandos Norte y Sur.
El cambio modificó la lógica de las denominadas comisarías de cercanía. Hasta ahora, esas dependencias funcionaban como una primera respuesta para los barrios y sectores rurales de sus respectivas jurisdicciones. Su principal ventaja era justamente el conocimiento del territorio: calles, caminos, accesos y establecimientos.
Con el nuevo esquema, ante un hecho en la periferia, el aviso debe ser derivado al comando correspondiente para que envíe un móvil. Eso implica que el patrullero ya no necesariamente se encuentra en las inmediaciones del lugar.
La preocupación se profundiza en zonas rurales, donde las distancias son mayores y muchos caminos resultan difíciles de ubicar para alguien que no conoce el territorio. Menos móviles y más distancia
El escenario se vuelve todavía más complejo por la reducción de recursos de la Patrulla Rural. Donde anteriormente había seis patrulleros destinados a las zonas rurales, ahora quedaría apenas uno para recorrer una red de caminos de aproximadamente 500 kilómetros.
Pero el problema, según explican desde el sector, no es únicamente la cantidad de móviles. También está relacionado con quién llega y cuánto conoce el territorio.
Los nuevos comandos cuentan con un sistema de monitoreo propio y pueden enviar móviles hacia la periferia, pero esos efectivos no necesariamente conocen los caminos rurales, los accesos a los campos o sectores como Colina Verde.
Antes, además, las comisarías periféricas formaban parte de una red de comunicación con los sectores rurales. Ante una emergencia, podían intervenir directamente porque tenían móviles propios y personal que conocía la jurisdicción.
Ahora, aun cuando el aviso llegue a esas dependencias, no contarían con patrulleros disponibles para responder de inmediato y deberían solicitar el envío de un móvil desde el Comando Norte o Sur. Para los productores, esa modificación puede significar minutos adicionales de demora en una zona donde la distancia ya representa un problema.
El temor, además, es que un patrullero enviado desde otra jurisdicción no conozca exactamente dónde se encuentra el establecimiento que necesita asistencia, los caminos de acceso o las particularidades de la zona.
En paralelo, el nuevo mapa de seguridad comienza a generar una lectura política. En sectores vinculados al territorio existe preocupación por una eventual concentración de recursos en las zonas urbanas y en aquellos circuitos electorales con mayor cantidad de votantes, mientras los sectores rurales y de la periferia —con menor peso electoral y una población más dispersa— quedarían con una cobertura policial más limitada. Por ahora se trata de una preocupación que circula entre dirigentes y productores, pero abre un interrogante de fondo: si la distribución de los recursos responde exclusivamente a criterios de seguridad o si también termina coincidiendo con el peso electoral de cada zona.
Así, la preocupación por la seguridad rural dejó de estar vinculada únicamente a la cantidad de patrulleros de la Rural. El nuevo esquema también habría debilitado la primera respuesta de las comisarías periféricas y eliminado parte del conocimiento territorial que funcionaba como refuerzo.