30 de abril de 2026
MANOTAZO DE AHOGADO
El Consorcio Portuario claudica: la resolución que expone a la gestión ravertista
Tras el escandaloso fracaso de la licitación de la Terminal de Contenedores y la fuga de navieras internacionales, el Consorcio Portuario de Mar del Plata intenta frenar la sangre logística con una resolución desesperada que penaliza el transporte terrestre, mecánica que su propia gestión incentivó. La aparición del "Programa de Incentivos" en el Boletín Oficial bonaerense es la admisión final del fracaso de un modelo que, bajo el mando de Marcos Gutiérrez y el amparo del matrimonio Raverta-Obeid, lanza un esquema de incentivos con la mirada puesta en blindar su caja política de cara al horizonte electoral de 2027.

Mientras la terminal de contenedores sigue en un limbo administrativo y la inseguridad operativa espanta a los capitales, la edición de este 30 de abril de 2026 del Boletín Oficial de la Provincia de Buenos Aires dejará para la historia un documento que resume, con precisión quirúrgica, la desesperación del modelo ravertista por evitar el colapso total de su principal bastión productivo. La Resolución N° 1078/2026, firmada por Marcos Gutiérrez, no es más que un reconocimiento implícito de la derrota logística que esta administración ha profundizado en los últimos años. Bajo el pomposo nombre de “Programa de Incentivos a la Exportación para el Sector Pesquero”, el Consorcio pretende ahora “fomentar” una actividad que ellos mismos se encargaron de dinamitar mediante la precariedad institucional, la falta de seguridad jurídica y la expulsión de navieras como CMA-CGM.
Lo más cínico del documento radica en su diagnóstico: el Consorcio admite que anualmente más de 10.000 camiones retiran pescado de las terminales marplatenses para exportarlo por otros puertos. Resulta paradójico que la gestión de Gutiérrez se muestre hoy alarmada por una cifra que es consecuencia directa de su incapacidad para garantizar un puerto multimodal. Durante meses, las denuncias internas han apuntado a cómo el esquema de poder que integran Fernanda Raverta y Pablo Obeid ha permitido, y presuntamente usufructuado a través de “quioscos” logísticos, el traslado terrestre de cargas —como las de Lamb Weston— hacia Buenos Aires o La Plata, vaciando de contenido las dársenas locales.
Ahora, en un giro de 180 grados que huele a urgencia electoral, la resolución establece un canon de 75 dólares por cada contenedor que salga por tierra hacia otro puerto. Es un “impuestazo al camión” que llega tarde y que intenta tapar el sol con las manos: no se exporta menos por falta de impuestos al asfalto, sino por la absoluta carencia de servicios marítimos regulares y la falta de contenedores vacíos que este Consorcio no sabe gestionar.
El texto de la resolución intenta, además, utilizar la finalización anticipada de la zafra de calamar —una decisión de la Subsecretaría de Pesca de la Nación— como el chivo expiatorio ideal para justificar este manotazo de ahogado. Alegan que deben actuar con celeridad para “calmar las aguas” ante el impacto negativo en el sector. Sin embargo, los incentivos propuestos, que incluyen bonificaciones del 100% en cánones de exportación y descuentos en el uso del puerto, parecen una burla frente a la realidad de los más de 30 mil trabajadores que ven peligrar su sustento por los constantes conflictos gremiales y la crisis energética que la administración local ignora sistemáticamente. No hay bonificación que alcance para compensar la falta de dragado o la violación sistemática de los protocolos de seguridad que hoy imperan en los muelles, donde el bombeo de combustible se realiza sin fiscalización y la infraestructura languidece bajo permisos precarios.
En última instancia, el Artículo 4° de la norma delata el verdadero horizonte de esta jugada: el impacto presupuestario proyectado no solo para el ejercicio en curso, sino para los futuros, apunta directamente al 2027. El ravertismo sabe que el puerto es su termómetro político y que la ciudad no tolera más una terminal paralizada que funciona como un respirador artificial. Mientras Marcos Gutiérrez intenta convencer al sector privado con beneficios de corto plazo, el Puerto de Mar del Plata sigue atrapado en un laberinto de incertidumbre. Sin una licitación seria para la terminal de contenedores y sin garantías de previsibilidad a largo plazo, este programa de incentivos no es más que otra cáscara vacía, una puesta en escena para intentar llegar con aire a la próxima contienda electoral, mientras el corazón productivo de General Pueyrredon sigue perdiendo su pulso.