El último fin de semana largo por Semana Santa dejó en Mar del Plata la llegada de alrededor de 131.000 turistas de acuerdo a información difundida por el municipio, en un contexto marcado por un movimiento moderado, consumo contenido y ocupación por debajo de los niveles históricos.
Lejos de otros años en los que esta fecha funcionaba como uno de los puntos más fuertes del calendario turístico, el balance dejó una postal más austera, atravesada por un escenario económico complejo, con costos de transporte elevados y “bolsillos flacos” que condicionaron el gasto.
En ese marco, el Ente Municipal de Turismo y Cultura buscó primero ampliar la lectura y difundió un balance conjunto de los últimos dos fines de semana largos, incluyendo el del Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia. Que según informaron desde el ente a lo largo de estas fechas, arribó un total de 251.000 turistas, un 9% más que el año pasado.
Sin embargo, esa estrategia también terminó exponiendo el dato de fondo: la afluencia se sostiene, pero el consumo no logra despegar.
Desde UTHGRA señalaron que la actividad estuvo “bastante lejos de otros años” y definieron el fin de semana como “uno más” dentro del calendario. El relevamiento del sector marcó una ocupación hotelera cercana al 50%, con realidades dispares según la zona.
Mientras los corredores céntricos, Güemes y el Puerto concentraron la mayor actividad —especialmente durante el Viernes Santo—, en otros sectores el movimiento fue mucho más tenue.
El punto central del diagnóstico pasa por el consumo. Según indicaron desde el gremio, el gasto fue “muy cuidado”, en línea con la pérdida del poder adquisitivo y una tendencia que ya se había manifestado durante el verano.
En la misma línea, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa advirtió que, pese a la afluencia turística, el gasto total cayó un 18,9% interanual en términos reales, reflejando el impacto de la inflación sobre las decisiones de consumo.
El saldo, así, deja una señal clara de cara a los próximos meses: la ciudad mantiene su capacidad de convocatoria, pero la crisis redefine el comportamiento de quienes llegan, en la antesala de un invierno que genera incertidumbre en el sector.