La Tecla Mar del Plata
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El reloj empezó a correr y en el peronismo bonaerense ya nadie disimula la ansiedad. Con el cronograma electoral en marcha y el padrón oficializado, las tribus del PJ entraron en la etapa más sensible del proceso: la búsqueda contrarreloj de avales que definirá si hay lista de unidad o internas abiertas en la provincia y en los distritos.
La fecha está marcada en rojo: el 3 de febrero vence el plazo para presentar los avales y, apenas cinco días después, el 8 de febrero, se sabrá si finalmente habrá competencia interna. Hasta entonces, los teléfonos no paran, las recorridas se multiplican y los armados territoriales trabajan sin pausa para garantizar el número mágico que habilite jugar.
En General Pueyrredon, el padrón se convirtió en una herramienta clave de poder. Con 31.347 afiliados, el distrito aparece entre los más relevantes del mapa justicialista bonaerense. Ese volumen explica por qué la pelea local no es menor y por qué cada movimiento es seguido de cerca desde La Plata. Según lo establecido por la Junta Electoral, el piso de avales quedó fijado en 627, una cifra que funciona como filtro político y termómetro real de la capacidad de cada espacio.
En ese escenario, la pulseada entre La Cámpora y el Movimiento Derecho al Futuro se replica con fuerza en la ciudad. El crecimiento del espacio alineado con Axel Kicillof reactivó la hipótesis de una interna abierta y obligó al kirchnerismo a recalcular. Aunque el discurso público insiste en la necesidad de la unidad, en los hechos los armados avanzan en paralelo y nadie quiere quedarse afuera del juego.
La Cámpora, con Fernanda Raverta como principal referencia local, enfrenta un tablero mucho más fragmentado que en otros momentos. Del otro lado, distintos sectores del peronismo tradicional y sindical empiezan a mirar con atención el rol de Gustavo Pulti, un aliado táctico para algunos y una pieza estratégica para proyectar el kicillofismo en la ciudad. Los históricos lo leen como un socio circunstancial para disputar poder y reordenar el PJ marplatense.
A todo esto se suma un dato no menor: el PJ local sigue presidido por Eduardo Cóppola, pero todo indica que no buscaría la reelección. Esa definición —todavía no formalizada— abre un escenario completamente distinto de cara al futuro y explica por qué la pelea actual no se agota en marzo, sino que proyecta liderazgo y control partidario hacia 2027.
Con los plazos encima y el padrón como mapa de guerra, la caza de avales dejó de ser un trámite administrativo para transformarse en una prueba de fuerza política. En General Pueyrredon, como en el resto de la provincia, el peronismo juega una partida decisiva: quién tiene estructura real, quién logra ordenar alianzas y quién queda en condiciones de conducir el PJ en la nueva etapa.