El 23 de octubre de 2011 quedó signado por la reelección de Acción Marplatense como conducción de General Pueyrredon. Pero conforme pasaron los años, se volvió un aniversario cada vez más desangelado: de aquel domingo a la actualidad, solo triunfaron nóminas frentistas del radicalismo, el Pro y otros aliados.
Si para el vecinalismo la racha negativa lleva 14 años, para el peronismo puro y duro, la victoria debe buscarse mucho más atrás: la corta intendencia de José Antonio Cavallo entre el 54´ y el 55´. Las siete décadas sin triunfos justicialista llevó a la creencia popular de que el PJ nunca se había impuesto en la ciudad.
En el tiempo reciente, ambos espacios, varias veces competidores, ensayaron alianzas para derrotar a Cambiemos, luego rebautizado Juntos por el Cambio. Ocurrió en 2015, cuando en una jugada por no salir del Ejecutivo, el pultismo claudicó la independencia ante el FPV. Luego, en 2019, el movimiento quedó en amague para, finalmente concretarse en el 23´ donde "Encuentro Marplatense" se conformó con la plateada.
En el contexto de encarnizada interna de las huestes peronistas -donde el partido vecinal interviene vía Pulti-, aparecen las interrogantes en torno a la existencia o no de balances o autocríticas en los espacios. ¿Por qué Mar del Plata es tan esquiva a dicho espectro?
La situación se agrava en el caso particular de "La Feliz", puesto que a nivel nacional y provincia, el peronismo y el kirchnerismo si reportan triunfos recientes y por ende, menor tiempo de procesamiento o heridas más abiertas.
En ese sentido, Mar del Plata se espeja a la Ciudad de Buenos Aires, donde el PJ no logra -hasta ahora- hacer pie y parece cómodo en un rol de opositor al oficialismo imperante.