La religión tiene dos características que son el sueño de todo comando de campaña: territorio y transversalidad. A pesar de la condición laica del Estado, el pueblo argentino abreva en todo tipo de cultos que, como ha mostrado la historia, no son ajenos a la cuestión política y social aunque se muevan bajo normas propias.
La Diócesis de Mar del Plata comprende un vasto territorio -22.800km2- donde además de General Pueyrredon están incluidos Balcarce, Gral. Alvarado, Lobería, Madariaga, Mar Chiquita, Necochea, Pinamar y Villa Gesell.
Según el Anuario Pontificio 2024, el documento más actualizado en torno a la estadística diocesana, en la zona hay 789,000 fieles sobre 1,038,325 de habitantes, es decir, el 76% reporta a la Iglesia Católica. En la actualidad, el Obispo es Ernesto Giobando, cercano a la mirada del Papa Francisco.
Si bien hay estadísticas a la baja, como la de los sacerdotes ordenados, los católicos cuentan con un amplio despliegue territorial -7 zonas pastorales y 49 parroquias- a la que se suman otras instituciones como las escuelas religiosas, de fuerte llegada a la clase media.
Otra fuerza muy observada son los evangélicos que registran hace años un fuerte crecimiento en toda América Latina. Sin ir más lejos, fueron un componente relevante de la campaña y el gobierno de Jair Bolsonaro en Brasil.
En Mar del Plata casi no hay barrios sin templos y los pastores se volvieron un actor clave en barrios donde el Estado y las organizaciones sociales redujeron presencia.