El limbo del Muelle 2 expone el paralizante fracaso de la gestión del Consorcio Portuario
Nueve meses y medio después de la caída de la licitación de la Terminal de Contenedores, el predio navega entre la absoluta incertidumbre institucional y un freno operativo inédito: desde junio no ingresa ningún buque portacontenedores a la estación marítima marplatense.
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El espejo del Muelle 2 devuelve la imagen más cruda de una crisis que se profundizó cuando la improvisación oficial convirtió el concurso de la Terminal de Contenedores en una estruendosa licitación desierta. Casi diez meses después de aquel tropiezo administrativo que dejó al desnudo los límites del esquema de conducción conducido por Marcos Gutiérrez y apalancado en el armado político de La Cámpora, el puerto de Mar del Plata no solo no ha logrado reordenar su rumbo, sino que ha profundizado una parálisis operativa que compromete severamente el perfil logístico de toda la región.
La precariedad jurídica se ha vuelto la regla de juego permanente. Tras agotar la agonía de las renovaciones mes a mes que desgastaron los primeros tramos del año, la actual terminal opera bajo un permiso provisorio de vigencia indefinida a la espera de un esquema definitivo que el Consorcio Portuario promete plasmar en un nuevo llamado antes de 2027. Sin embargo, la brecha entre los plazos de la burocracia camporista y las urgencias del comercio exterior resulta insalvable. El costo concreto de esta indefinición institucional quedó registrado en los libros de muelle: desde el mes de junio no entra un solo buque portacontenedores al puerto local, paralizando en cadena a remolcadores, prácticos, agencias marítimas y al conjunto del ecosistema de servicios de la estiba.
En los sectores vinculados a la logística regional la lectura es unánime y señala la politización del ente consortil como la causa madre del estancamiento. La falta de una estrategia integral a largo plazo, sumada a la persistencia de un perfil técnico que insiste en gestionar la terminal como una simple caleta pesquera, ha obturado cualquier posibilidad de desarrollo multimodal. Mientras la producción regional busca vías alternativas y la agroindustria opta de forma sistemática por el transporte terrestre sobre la ruta provincial, las exigencias desmedidas que caracterizaron al pliego anterior contrastan de manera brutal con un presente en el que el volumen de carga retrocede a marcas históricas.
El panorama se torna aún más sombrío ante el repliegue de otros actores clave del entramado económico. La sensible contracción de la operatoria logística de la petrolera estatal YPF en el puerto representa otra señal de alerta sobre el paulatino desguace del enclave marítimo local. En un escenario donde el tráfico potencial podría multiplicar varias veces los magros registros de los últimos años con reglas de previsibilidad y obras adecuadas, el puerto marplatense permanece atrapado en la inercia. Si no hay un volantazo político que desmonte la burocracia ideologizada y devuelva certezas a los operadores navieros, el Muelle 2 corre el riesgo inminente de quedar relegado de forma definitiva como plataforma logística de la provincia.