La Tecla Mar del Plata
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Hay una categoría superior de la demagogia que solo dominan los profesionales de la política con décadas encima: esa capacidad casi quirúrgica de sobrevolar el dolor ajeno, poner cara de preocupación institucional y vender humo con luces de estudio mientras la ciudad sangra. El camaleónico Gustavo Pulti volvió a dar una lección magistral de esta disciplina.
Mar del Plata atravesó uno de sus momentos más oscuros en tiempo reciente. Tres crímenes en menos de 24 horas —el cruento asalto al comerciante Ricardo Ruiz, el asesinato del chofer Alberto Rodríguez y el desgarrador femicidio de Johana Mailén Antonich— sumieron a la ciudad en la angustia, el luto y el espanto. ¿Y qué hace un político "responsable" cuando la sociedad cruje? Exacto: junta a su bloque, prende la cámara del celular, busca el mejor ángulo y graba un reel para las redes sociales.
La puesta en escena no tiene desperdicio. Con la solemnidad de quien acaba de descubrir la pólvora, el exintendente nos regala una frase digna de encuadrar: "Hay que dejar de usar la inseguridad como prenda de las disputas políticas". La paradoja es perfecta, casi poética: Pulti usa la tragedia para subir un video a Instagram donde nos pide a todos que no usemos la tragedia para hacer política. La autoalusión al cinismo no podría ser más explícita.
Pero el espectáculo del absurdo no termina en la contradicción discursiva; empeora cuando se mira el mapa de alianzas. Resulta que Pulti es el hombre fuerte y la cara visible de Axel Kicillof en la ciudad. Sin embargo, en un rapto de fingida amnesia, le reclama "actuar" al Ministerio de Seguridad bonaerense conducido por Javier Alonso, a un área del mismo gobierno provincial al que él responde.
No hay que olvidar el recorrido: Pulti dejó su banca como diputado provincial para bajarse a concejal tras las elecciones de 2025. Un movimiento que muchos vendieron como un "compromiso local", pero que en la práctica parece responder a la necesidad de tener una plataforma cómoda desde donde señalar con el dedo de cara al 2027. Porque ese es el punto central: en todo su despliegue mediático no hay una idea, un proyecto, un recurso gestionado ni un plan alternativo. Solo hay críticas de manual, reproches dirigidos a ambos lados de la grieta y un desesperado llamado de "mírenme, sigo acá".
En Mar del Plata, mientras las familias velan a sus muertos y los vecinos caminan con miedo, la política de cotillón sigue su curso. Pulti demostró una vez más que el oportunismo no descansa; solo necesita buena iluminación, un eslogan bien ensayado y la fría compostura para usar el luto como trampolín de agenda.