El escenario de polarización que se vislumbra en la opinión pública se traslada a los armados políticos para 2027. Qué busca cada fuerza de las que están en el medio. La depreciación de los discursos moderados
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A la luz de lo sucedido en 2023, cuando tres fuerzas se disputaron el poder en la Argentina, sería hasta temerario afirmar que, de cara a los comicios de 2027, no hay lugar para una tercera vía competitiva. Empero, las circunstancias políticas han cambiado con la irrupción de Javier Milei y su espacio libertario, y el escenario ha vuelto a ser extremadamente polarizado, como fue en 2015 con la aparición de Cambiemos tras la hegemonía kirchnerista.
En los últimos años se alternaron un escenario electoral polarizado con otro en el cual tiene juego una tercera fuerza. Desde esa estadística también a 2027 le tocaría ser un año de grieta, y que efectivamente lo será se confirma a través de los movimientos que hacen quienes siempre intentaron ocupar, con suerte dispar, esa calle del medio. Sin dejar de mencionar el fomento a la propia grieta que se hace desde una sociedad en la que priman hartazgo y enojo. Además, la historia política del país tiene más de bipartidismo que de disputa pareja entre más de dos espacios.
Miguel Pichetto y Emilio Monzó se reunieron con Kicillof y también tuvieron un encuetro con Julio Alak, uno de los aspirantes a la Gobernación que reporta en el MDF.
Desde conservadores y radicales, desde peronismo y antiperonismo, y en el inicio de la nueva democracia, dominó la grieta. La discusión política pareció disiparse en los aciagos fines de los 90, principios de los 2000, hasta que el kirchnerismo hizo poner de nuevo sobre la mesa la conversación de los asuntos públicos y partidarios. En los últimos 20 años se impuso la grieta, con algunos tibios atisbos de alternativas por el centro que fueron rápidamente discontinuadas, o capturadas por las fauces de los gigantes que se mueven en la derecha o en el progresismo. Le pasó al Frente Renovador de Sergio Massa, le está pasando al PRO, y difícilmente pueda escaparse el radicalismo.
“La avenida del medio murió en octubre. La elección legislativa del año pasado mató a Provincias Unidas, a esa esa línea que querían inventar Nacho Torres, Gustavo Valdés, Maximiliano Pullaro y el peronismo cordobés”, sentencia un ministro bonaerense, consciente de que 2027 se dirimirá entre el liberalismo y una opción antagónica cuyo principal protagonista debiera ser el peronismo. En el PJ varios sectores coinciden en la necesidad de ampliar, pero no hay consenso en las condiciones de esa amplitud. Por ahora sólo los une el espanto.
En el entorno de Axel Kicillof afirman que es necesario ampliar la oferta contra Milei, concentrarla en un solo polo, con la intención que el gobernador bonaerense sea la síntesis de eso y el candidato ungido. “No hay una alternativa estilo Lavagna, lo que quiso hacer Massa en su momento o lo que buscó Schiaretti en la última presidencial. Eso se murió. Entonces, todos los que estaban ahí porque no querían estar con Macri o con Cristina ahora deberán colocarse en uno de los dos extremos”, asegura el funcionario provincial. “No hay una opción. Tendrán que elegir, o allá o acá”, sentencia.
En esa línea son las reuniones con Miguel Pichetto y Emilio Monzó, un eterno abanderado de la moderación y la calle del medio que en este caso parece estar dispuesto a abandonar. Desde el entorno de Kicillof también torean a Córdoba y su peronismo prescindente de las fuerzas mayoritarias en los últimos años. Lo mismo trasladan al justicialismo de Entre Ríos y de otras provincias, reticentes a alinearse con resabios del kirchnerismo. Y van más allá y les dicen a los radicales: “¿Se van a quedar con Milei que no para de maltratarlos?”.
El radicalismo pudo llegar a una síntesis por el Comité. ¿Podrá repetirlo en el 27?
Convencidos de que habrá dos grandes polos en la disputa de 2027, y que serán el epicentro de uno de ellos, en el peronismo igualmente hay diferencias en las formas, principalmente en torno al rol de Cristina Fernández y a la manera de plantarse discursivamente. Y allí es donde aparece una disidencia sustancial para definir la futura alianza: mientras algunos aseguran que la polarización debe ser acompañada por una posición discursiva extremista, otros defienden un discurso acorde a las políticas de centro; es decir, polarizar desde la moderación.
“La Cámpora y Cristina tienen que entender que el país cambió. Argentina ha decidido ser un país de centro”, se queja un legislador que supo estar cerca de los libertarios pero hoy comparte la idea de “construir un gran frente nacional”, pese a que descree que no hay lugar para terceras fuerzas. También pone una voz de alerta sobre el futuro del Gobernador al advertir que “Kicillof arranca su campaña presidencial y la gestión es una incógnita”.
Sobre la línea discursiva, que separa aguas entre el kirchnerismo duro y el resto, el consultor Artemio López dispara: “El tema de la polarización y desconocer la doble campana de Gauss es el error conceptual de la campaña del Gobernador, que omite la existencia de la polarización que existe desde el año 2003 y, en especial, desde 2008, tras la crisis de la 125. Armó una campaña de pretensión centrista que podía ser posible antes de la polarización, cuando predominaba el neoliberalismo como único proyecto socioeconómico y se discutían estilos, matices, e incluso pertenencias partidarias, pero no el modelo de acumulación. Es un error común de consultoría obsoleta, que a partir de la irrupción del kirchnerismo no va más”.
“Como en su momento señaló (Joaquín) Morales Solá, en democracia `La grieta la trajeron los Kirchner`, como en su día la encarnó Perón. Uno puede buscar el centro de cada polo, pero no el centro entre polos porque no existe, salvo en la mesa de arena de los consultores. Grave error conceptual y políticamente un disparate”, subraya López.
Sobrevuela entonces una frase que Juan Domingo Perón acuñó en Conducción Política: “Algunos dicen hay que captarse la opinión independiente. Grave error. Esa no se capta nunca, porque está tres días con uno y tres días contra uno. Esa opinión es la que no debe interesar al que conduce. Algunos han perdido lo que tenían por ganarse la opinión independiente”.
Volvamos a la grieta. Mientras el peronismo no K se debate en el lugar a ocupar y varios que coquetearon con Milei se sienten defraudados, hay gobernadores que siguen prestando sus votos a las causas libertarias. En ese sentido, la discusión parece centrarse más en la provincia de Buenos Aires donde, coincidentemente, está la figura por ahora más convencida de ir a disputarle el poder a “Javo”.
Mauricio Macri dejó por un rato las cartas del bridge y se muestra activo en el intento de salvar al PRO del naufragio. Hay dirigentes amarillos nostálgicos de Cambiemos y comparten añoranzas con radicales y lilitos en ese sentido, pero todos reconocen íntimamente que el formato de la tercera vía es casi una utopía para el próximo turno electoral. Como se dijo, la experiencia del año pasado de Provincias Unidas a nivel nacional y de Somos Buenos Aires y otros espacios en la Provincia, marca a las claras la tendencia del electorado, donde los “anti” son más fuertes que cualquier otra consigna.
El primer objetivo de Macri es condicionar los movimientos de Milei, hacerle imposible que prescinda de una sociedad política si no quiere poner en riesgo su reelección. Y su condición, cuando se siente a negociar, será que el PRO permanezca en el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, algo que los libertarios quieren discutir. El expresidente dijo “voy a volver a cantar” y disparó especulaciones por doquier e ilusión en el Círculo Rojo, donde muchos preferirían una derecha más moderada y de modales más refinados. Lo concreto es que de ese lado de la grieta sólo hay lugar para uno. Lo ocupa ahora Milei y lo seguirá ocupando en la medida que su gobierno no termine en una catástrofe comparable con la de 2001. Sin un escenario similar, las chances de Macri, o del PRO, se escurren.
El radicalismo, y los sectores que siempre empujaron la avenida del medio, están todavía en un problema mayor. El discurso “ni Milei ni Cristina” empieza a diluirse en la certeza de que la avenida del medio aparece intransitable si lo que se pretende es discutir poder. Así, mientras algunos radicales coquetean con el universo violeta, sin dejar de marcar diferencias, otros le hacen guiños a Kicillof, también sin dejar de marcar diferencias. La reciente lista de unidad para la conducción del Comité Provincia ha morigerado un poco la interna, sin que ello signifique consensos sobre dónde pararse después. De todos modos, es significativo que un alcalde hasta ahora reticente a La Libertad Avanza diga: “Todo acuerdo es posible si garantizan que en los municipios se va a respetar el desarrollo político que tienen los intendentes”.
Cerca del Gobernador tientan a sectores radicales para que se sumen a un gran frente anti libertario. “¿Qué va a hacer el radicalismo, que ya ni siquiera es furgón de cola de Milei, se va a quedar ahí?”, se preguntan en La Plata. Varios cañones apuntan más allá de las intendencias bonaerenses y miran a Santa Fe: “¿Qué va a hacer Pullaro, que ahora se hace el enojado por la zona fría pero ayudó a votar la Ley bases? Se tiene que definir de qué lado está”.
En esa lógica de grieta absoluta empieza a dirimirse el mapa político para las elecciones que vienen. La extrema polarización deja desierta la calle del medio y quienes gustan de ocuparla empiezan a verse obligados a emigrar hacia un polo para subsistir.
De las primarias a la general
El último round presidencial tuvo un ascenso exponencial de Javier Milei desde las PASO al balotaje para alzarse con la presidencia. La Libertad Avanza dio la sorpresa en las Primarias al vencer con el 29,86 % de los votos; segundo quedó JxC, cuya interna entre Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta acumuló 28 %; y UxP, con Sergio Massa, obtuvo el 21,43 %. El escenario tripartito cambió en las generales. Massa pasó del tercer al primer lugar, Milei mantuvo su caudal para quedar segundo y Bullrich pudo retener apenas un poco más de la mitad de los votos de Larreta. El gobierno kirchnerista en salida y los votos del PRO emigrando hacia LLA hicieron que el balotaje fuera para Milei por 55,65 % contra 44,35 del exministro de Economía.
En 2019,Alberto Fernández no necesitó balotaje para llegar a la presidencia, en una elección polarizada con Macri. Ya en las Primarias el FdT se había impuesto por el 47,34 % sobre el 32,26 de Juntos por el Cambio. Ninguna otra fuerza alcanzó el 10 % ni en la primera ni en la segunda contienda de ese año. Roberto Lavagna fue el tercero las dos veces.
En 2015, Daniel Scioli (FpV) ganó la primera vuelta con el 38,67 % de los votos, mientras que Mauricio Macri (Cambiemos) fue segundo con el 24,5 %. Scioli retuvo en la general y Macri creció diez puntos. Massa (UNA), tercera fuerza, curiosamente subió 5 puntos entre PASO y general. En el balotaje, Cambiemos se impuso con el 51,34 % contra el 48,66 del FpV.
La victoria contundente de Cristina Fernández en las generales de 2011 ya se evidenciaba en las Primarias, donde la reelección quedaba prácticamente asegurada con el 47,98 % de los votos frente a una oposición muy atomizada. Un dato curioso fue que, en las PASO, Hermes Binner (FAP) había quedado cuarto detrás de Eduardo Duhalde (Fte. Popular) y Ricardo Alfonsín (UDeSo), pero pasó a ser segundo en octubre. De todos modos, ninguna fuerza alcanzó el 20 % en ninguno de los dos comicios.
El armado de un "peronismo de derecha" en un frente anti Milei
No pocos espacios y dirigentes tiran la toalla para construir una tercera alternativa viable que pueda competir en las urnas con el peronismo y el antiperonismo. En los últimos meses hubo muestras en algunos sectores que apostaron por la vía del medio y ahora comienzan a recostarse en Fuerza Patria.
En Unión y Libertad, un desprendimiento de La Libertad Avanza en la Provincia, se reconocen como un “espacio liberal de centro derecha que planteamos diferencias con el gobierno nacional en cómo se atiende la problemática de la economía real”. Aunque dicen: “Estamos de acuerdo en el rumbo macro, sin inflación, sin déficit y con una reforma impositiva”. Ese espacio, que lideran Carlos Kikuchi y Sergio Vargas, avanza en un armado con Miguel Pichetto, Emilio Monzó, Nicolás Massot y referentes del interior. “La idea es encontrar puntos básicos de acuerdos”, cuentan.
“Queremos construir un espacio de derecha con distintos sectores del peronismo, heridos de otras fuerzas y referentes de la Unión Cívica Radical”, agregan. A su vez, trazan sus perspectivas de “poner en pie un peronismo de derecha” que confluya en un frente para derrotar a Javier Milei. La lectura del espacio de Unión y Libertad es que el proyecto de la coalición que se arme debe “administrar la transición entre el presente y el futuro, pero sin dejar tirado en el camino a nadie”. Entonces, explican: “No podés abrir importaciones de manera indiscriminada, hay que dar herramientas para no generar caos”.
Para la constitución de una alianza amplia entienden que “debemos dialogar con todos”. Por ese motivo, ya se reunieron con intendentes del peronismo que responden tanto al kicillofismo como al kirchnerismo. Leonardo Nardini, Mario Ishii, Gustavo Menéndez, Jorge Ferraresi y Julio Alak, son algunos de los que se han encontrado con ellos. En agenda hay más jefes comunales en el horizonte. Por lo pronto avanzan a paso lento.
Los movimientos de Mauricio Macri en plena crisis política del presidente
“Nuestras críticas no tienen segundas intenciones”, repite Mauricio Macri a toda la tropa del PRO en medio de los mensajes venenosos que envía el expresidente sobre el rumbo del gobierno de Javier Milei. Para quienes piensan en una posible ruptura de la alianza, la afirmación deja en claro la perspectiva del jefe de los amarillos.
Bajo esa premisa es que consideran que no serán un obstáculo para continuar con los cambios que se llevan a cabo y que -comentan- comenzaron durante la gestión de Macri al frente de la Casa Rosada. Sin embargo, los cuestionamientos aparecerán cada vez que lo crean oportuno, tal como hacen con el caso de la supuesta corrupción que rodea al jefe de Gabinete, Manuel Adorni.
Entre algunas lecturas que predominan por lo bajo en el mundo PRO existen aquellas que plantean que “si Mauricio dice que es candidato, nos ordenamos y todos vamos a jugar con el jefe”. De esta manera, le piden un poco más al expresidente para dar la batalla política hacia el 2027.
Asimismo, hay quienes aseveran que la figura de Diego Santilli también los pone en una situación incómoda, y sostienen que “es el mejor candidato a gobernador”, pero no forma parte de las filas partidarias. Por ese motivo, buscan surfear conflictos internos para llegar de la mejor manera a las negociaciones con La Libertad Avanza de cara a un armado conjunto.
La UCR busca aplacar diferencias internas para hacerse fuerte en 2027
Desde uno de los sectores que componen al radicalismo en la provincia de Buenos Aires se muestran conformes, pero con gusto a poco, ante lo resuelto a nivel partidario. “La lista de unidad siempre es mejor que ir a internas o a una intervención de la justicia”, contaron voces boina blanca.
No obstante, plantearon que “las diferencias van a seguir” y pusieron sobre la mesa las tensiones que generan las medidas del gobierno de Javier Milei. “La votación de la zona fría generó discusiones nuevamente entre quienes rechazaron y los que defendieron que estaba bien dar quórum para el tratamiento”, explicaron.
Entonces, marcaron las divergencias que existen entre quienes se encuentran en el llano “con representación territorial y los que están en la superestructura”. Sin embargo, no ven un camino claro hacia el 2027 y no avizoran un escenario en el que el radicalismo siga desperdigado.
Sobre un acuerdo con La Libertad Avanza para las elecciones provinciales y nacionales, un alcalde dejó la puerta abierta en tanto y en cuanto “garanticen que en los municipios se va a respetar el desarrollo político que tienen los intendentes”.
De este modo, con mucha agua bajo el puente por correr, también se admite que ir por afuera de las dos grandes coaliciones no sería lo óptimo para un partido que viene golpeado elección tras elección.
Dentro de otro sector del radicalismo bonaerense crece la idea de consolidar una alternativa propia frente a la polarización entre el peronismo y La Libertad Avanza, aunque reconocen que el escenario para una tercera vía aparece cada vez más complejo. La prioridad, según remarcan, pasa por sostener la unidad interna del partido y fortalecer su estructura territorial sobre la base del peso institucional que conserva en la provincia de Buenos Aires, con 27 intendentes, más de 300 concejales y más de 100 consejeros escolares.
En ese esquema, la UCR busca ordenar su discusión interna y definir una política de alianzas a través de los mecanismos partidarios tradicionales, con la Convención como ámbito central para resolver la estrategia electoral. La intención de ese sector es construir una alternativa “republicana” al oficialismo bonaerense y mostrar un modelo de gestión distinto, aunque admiten que el contexto político dificulta romper con la lógica de la grieta.
La influencia de las redes sociales en la polarización política
El cambio en el consumo de los medios de comunicación también parece contribuir a la profundización de la grieta política. Mientras los medios tradicionales se nutren de audiencias amplias, y por lo tanto se ven obligados a moderar su discurso, los algoritmos de las redes sociales priorizan el contenido que genera mayor interacción (engagement). Esto se apunta en las conclusiones de “La tiranía de Gauss y los prejuicios de la normalidad en una sociedad polarizada”, donde se señala que “las emociones extremas, como el odio, la indignación y el miedo, retienen a los usuarios más tiempo en la pantalla”.
Milei hace del contacto directo vía redes un culto a su modo de ver la política.
Al mostrar únicamente contenido que refuerza las creencias previas del usuario, los algoritmos eliminaron el espacio de debate intermedio, empujando a los ciudadanos de las zonas moderadas hacia los extremos ideológicos. El rival político ya no es visto como alguien con opiniones diferentes, sino como un enemigo moral o una amenaza existencial. En este escenario, buscar el consenso o moverse al centro político es castigado por las propias bases, siendo etiquetado como traición o tibieza.
Una sociedad que ideológicamente se aleja del centro y elige los polos
La consultora Proyección realiza una pregunta simple, pero original en el universo de las encuestas, y el resultado sorprende a más de uno. “¿Dónde se ubica usted ideológicamente?” aparece en el cuestionario que da como opciones “izquierda, centro izquierda, centro, centro derecha o derecha”. Casi el 40 % no elige ninguna, pero entre los que contestan de manera positiva, el 24 % se autodefine como de izquierda o centro izquierda, el 26 % de derecha o centro derecha y apenas algo más del 10 % dice ser de centro.
Podría inferirse que quienes prescinden de contestar están en el centro. Sin embargo, en ese mar navegan los independientes que Perón acusaba estar “tres días con uno y tres días contra uno”. Son, en definitiva, los que deciden, pero se vuelcan mayoritariamente por uno de los dos extremos.
Para Manuel Zunino, director de Proyección, “los candidatos que intentan construir posiciones puramente centristas suelen fracasar electoralmente o terminar absorbidos por los polos”. Y agrega: “La experiencia electoral muestra reiteradamente que, a medida que se acerca la elección, los polos magnetizan a gran parte de esos votantes. La política funciona muchas veces como un proceso de imantación. Los individuos no permanecen indefinidamente suspendidos en la neutralidad. Las dinámicas afectivas del conflicto empujan hacia alineamientos”.
Campana de Gauss y distribución bimodal en la era del hartazgo
En su trabajo “La tiranía de Gauss y los prejuicios de la normalidad en una sociedad polarizada”, el consultor político Artemio López se apoya en el libro “La era del hartazgo”, de los investigadores Gabriel Kessler y Gabriel Vommaro, para señalar que, aunque la mayoría de los argentinos se autoubique en el centro en las encuestas, su comportamiento real ante conflictos económico-distributivos o culturales demuestra una intensa polarización bicoalicional (polo individualista vs. polo igualitario) e ideológico-afectiva.
“El centro real no existe; es una etiqueta vacía”, asegura el responsable de la consultora Equis, y lo fundamenta en que “la relación entre la campana de Gauss (o distribución normal) y la política se basa en la idea de que la mayoría de los votantes se agrupan en posiciones moderadas (centro), mientras que pocos votantes se encuentran en los extremos”. La campana de Gauss es una representación gráfica que muestra cómo se agrupan los datos de una muestra alrededor de un valor central, pero para Artemio “la falacia del voto al centro político surge cuando se asume automáticamente que moverse al centro es la única estrategia ganadora, ignorando la realidad de la polarización, la abstención o que el centro puede estar vacío”.
Así, la sociedad argentina se mueve más acorde a una curva bimodal, o de doble joroba, es decir con muchos votantes en los extremos y menos en el medio. En ese sentido, López apunta que “los partidos mayoritarios ya no buscan el centro moderado. Ganan elecciones polarizando y movilizando a los extremos, y eventualmente se intenta ocupar uno de los dos centros bimodales, pero nunca el centro universal e insustancial”. La moderación de los discursos tampoco es una buena receta en la actualidad.
“El paradigma clásico de la campana de Gauss en política se rompió debido a una transformación estructural en la economía, los medios de comunicación y la psicología social”, lo que conlleva a que la curva tradicional con un gran pico en el centro mutó hacia una distribución bimodal, y sobre esa base de modelos antagónicos, en dos extremos, deberían moverse los espacios que aspiren verdaderamente a hacerse del poder.