6 de mayo de 2026
CONCEJODROMO
Rendición de cuentas caliente: acusaciones de “show” y un oficialismo que se atrinchera en los números
La rendición de cuentas 2025 se aprobó con los votos del oficialismo, pero dejó un recinto caliente. La oposición habló de “teatralidad” y abandono, mientras el gobierno respondió con números, contexto económico y un freno a las acusaciones “morales”. Convirtiendo al concejo deliberante en un concejodromo.

En la comisión de Hacienda, Presupuesto y Cuentas, presidida por Marcelo Cardoso, miembro del bloque del Pro, trató uno de los expedientes más fuertes de los últimos tiempos. El expediente 1238, cuyo contenido trata la “Rendición de Cuentas de la Administración Central correspondiente al Ejercicio Económico 2025. Autorizando la compensación de los excesos producidos en la ejecución del Presupuesto de Gastos del Ejercicio 2025 de la Administración Central”. Una Administración Central que dejó miles de millones de pesos de déficit es defendida por el oficialismo y la oposición busca darle un sentido a lo que ellos quieren lograr.
El tratamiento de la rendición de cuentas 2025 dejó mucho más que un expediente aprobado por mayoría. Expuso con crudeza la disputa política que atraviesa la gestión municipal y consolidó un escenario de confrontación cada vez menos técnica y más cargada de rosca. Lo que debía ser un análisis contable derivó en un cruce directo sobre el rumbo de la ciudad, el uso de los recursos y, sobre todo, el relato con el que el oficialismo intenta sostener su gestión en un contexto económico adverso. La votación final, con el respaldo de la UCR, el PRO, la Coalición Cívica y La Libertad Avanza, y el rechazo de Acción Marplatense y Unión por la Patria, confirmó un resultado esperado, pero el debate previo dejó marcas más profundas que el número.
Desde la oposición, la concejala Eva Ayala, del bloque Acción Marplatense, fue quien marcó el tono más duro de la jornada, al rechazar la rendición no solo por cuestiones técnicas sino por lo que definió como un problema estructural de gestión. En una intervención extensa, apuntó contra la caída de la recaudación, que ubicó en torno al 92% de lo previsto, el déficit cercano a los 21 mil millones de pesos y, sobre todo, contra lo que describió como un municipio que “administra el corto plazo” y “corre detrás de los problemas sin resolverlos”. Sin embargo, el núcleo de su discurso estuvo en la subejecución de obras, de promesas que se repiten año tras año sin concretarse y de un modelo que, según planteó, prioriza la construcción de imagen por sobre la transformación real.
La crítica escaló cuando Ayala puso en cuestión la lógica comunicacional del oficialismo, al hablar de “teatralidad” y “escenografía” para describir la gestión. En ese marco, utilizó como ejemplo el Estadio Mundialista y el parque de los deportes, al que definió como una obra que no avanza más allá de un cerco visible pero sin ejecución concreta, y amplió esa idea a una forma de gobernar basada en “hacer de cuenta” que se actúa. “Cuando una gestión necesita cada vez más escenografía para explicar cada vez menos resultados, hay un problema”, lanzó, en uno de los pasajes más filosos de su intervención, donde además vinculó esa lógica local con el estilo comunicacional del gobierno nacional. El cierre de su exposición terminó de tensar el clima al introducir una dimensión política más amplia, al cuestionar a Guillermo Montenegro por su posicionamiento y futuro, y al definir la rendición como parte de un “abandono material y simbólico” de la ciudad.
La respuesta del oficialismo llegó con rapidez, pero también con un registro técnico y político. Desde el bloque de la Unión Cívica Radical, Vilma Baragiola recogió el guante y buscó encuadrar la discusión en el contexto macroeconómico, al recordar que el presupuesto había sido elaborado con una inflación proyectada del 18% que terminó superando el 30%, y que el municipio enfrentó una caída significativa de transferencias tanto de Nación como de Provincia. En ese marco, defendió el esfuerzo de la gestión por sostener el funcionamiento sin trasladar el costo al vecino y remarcó la legitimidad política del gobierno municipal, al recordar que fue elegido en dos oportunidades por los marplatenses. Sin embargo, el momento más tenso de su intervención llegó cuando decidió responder directamente a la oposición sobre la referencia a la “moral” en la gestión.
Allí, Baragiola marcó un límite explícito y llevó el debate a un plano más personal, al señalar que mezclar cuestiones morales con la administración pública “involucra a todos” y advertir que, si es necesario, esas discusiones deben dirimir en la Justicia. Fue un punto de inflexión en la sesión, porque dejó en evidencia que el oficialismo no sólo rechaza las críticas técnicas, sino que también está dispuesto a confrontar cuando entiende que se cruzan determinadas líneas discursivas. La tensión ya no pasaba únicamente por los números, sino por el tono y el alcance de las acusaciones.
En paralelo, desde Unión por la Patria endurecieron aún más la postura opositora al calificar la rendición directamente como “invotable”, en una intervención que puso el foco en el déficit, que ubicaron en más de 23 mil millones de pesos, y en una deuda flotante cercana a los 31 mil millones. Pero el eje político de ese planteo fue la contradicción entre esos números y el discurso oficial sobre el equilibrio fiscal. En ese sentido, apuntaron contra lo que definieron como una doble vara del oficialismo, al cuestionar cómo se justifica ese nivel de déficit en un espacio que reivindica el “déficit cero”. Además, señalaron que herramientas como la tasa vial o el alumbrado público no estarían destinadas a mejorar servicios, sino a cubrir desequilibrios financieros, reforzando la idea de que la gestión utiliza la recaudación para sostenerse más que para transformar.
El cierre del debate quedó en manos del concejal Fernando Muro, del bloque del Pro, quien asumió el rol de ordenar la defensa oficialista desde lo técnico, intentando desarmar el relato opositor con datos concretos. Su exposición se centró en explicar que el déficit responde a criterios contables vinculados al Rafam, donde los gastos se imputan por devengado y los ingresos por percibido, y que, en términos reales, el municipio mantiene una política de orden fiscal. En ese sentido, destacó que la sobre ejecución del gasto fue inferior al 2%, que la deuda consolidada representa menos del 1% de los recursos y que gran parte de la deuda flotante corresponde a salarios que se pagan al mes siguiente, lo que relativiza el escenario de crisis planteado por la oposición. A eso sumó el impacto de factores externos, como la caída de transferencias y el contexto inflacionario, para reforzar la idea de que el municipio opera en un marco restrictivo que condiciona su desempeño.
“Si vamos a los números fríos, muestran otra cosa”, sintetizó Muro, en una frase que logró correr la discusión del terreno político al técnico y presentar la gestión como ordenada, austera y condicionada por variables externas. Sin embargo, esa defensa no logró desactivar del todo el eje instalado por la oposición, que logró correr el debate hacia el plano político y simbólico, donde los números pierden centralidad frente a la percepción de gestión.
Así, la rendición de cuentas terminó funcionando como una excusa para una discusión más amplia sobre el modelo de ciudad, la eficacia de la gestión y el relato que la sostiene. Mientras el oficialismo se refugia en los indicadores y en el contexto macroeconómico para justificar su administración, la oposición apuesta a exponer lo que considera un desgaste en la capacidad de gestión y una distancia creciente entre lo que se anuncia y lo que efectivamente se concreta. En el medio, el recinto se convierte en el escenario donde esa disputa se vuelve cada vez más directa, más áspera y menos técnica.
La aprobación del expediente no modificó ese escenario, pero sí dejó una señal clara de cara a lo que viene. La discusión política en Mar del Plata ya no se limita a los números ni a los expedientes. La rosca se endurece, los cruces se personalizan y el debate empieza a jugarse tanto en el terreno de la gestión como en el de la construcción de sentido. Y en ese terreno, nadie está dispuesto a ceder.