En el sur de Mar del Plata, una pieza única de la arquitectura moderna vuelve a encender alarmas. El Parador Ariston —proyectado en 1947 por Marcel Breuer, referente de la Bauhaus— atraviesa un nuevo capítulo de incertidumbre tras su reciente venta a un grupo empresario local.
El edificio, declarado Monumento Histórico Nacional en 2019 y considerado una rareza en América Latina, suma años de abandono. Pero ahora el foco no está solo en su deterioro: distintas organizaciones y sectores profesionales advierten que el futuro podría ser aún más preocupante.
Un cambio de manos que encendió las alarmas
La adquisición del inmueble, lejos de traer certezas, abrió interrogantes. Según trascendió en ámbitos especializados, el proyecto sobre el predio habría sido encargado al estudio Mariani-Pérez Maraviglia-Cañadas, una firma que acumula antecedentes polémicos en la ciudad.
Desde el ambientalismo y el urbanismo crítico sostienen que no se trata de casos aislados. La ONG Surfrider Foundation fue una de las voces más firmes y advirtió: "No son casos aislados, son la firma de un mismo método, aplicado con total impunidad".
Antecedentes bajo la lupa
El historial del estudio señalado incluye intervenciones de alto impacto urbano que hoy vuelven a escena. Entre los casos mencionados aparece la construcción de una torre de 35 pisos junto al chalet La Robla, además de torres de 32 pisos en el entorno del Chateau Frontenac, avances sobre el Chalet Ave María y la demolición del hotel Hurlingham, sin posibilidad de restauración.
A eso se suman otros proyectos cuestionados como Bendú Arena y DAD, señalados por organizaciones por su escala y su impacto sobre el espacio público costero. En ese marco, crece la preocupación por el destino del Ariston.
También aparece una crítica que incomoda dentro del propio ámbito profesional: la aparente contradicción entre los discursos que valoran el patrimonio arquitectónico y las decisiones concretas que, según denuncian, lo erosionan.
Silencios y preguntas abiertas
Por ahora, ni los nuevos propietarios ni el municipio dieron precisiones. Mientras tanto, las organizaciones plantean dudas clave: quiénes firmarán los estudios técnicos, qué controles habrá y si existe independencia entre evaluadores y autoridades.
En ese contexto, recuerdan un caso que funciona como espejo posible: la recuperación de la Casa sobre el Arroyo, restaurada tras décadas de abandono y hoy convertida en símbolo de preservación.
Qué reclaman
Las exigencias apuntan a cuatro ejes concretos:
Transparencia sobre el proyecto
Intervención estatal previa a cualquier obra
Protección del entorno costero
Participación ciudadana real
El Ariston no es solo un edificio: es parte de la identidad urbana y una oportunidad latente para el turismo cultural. En una ciudad acostumbrada a debatir entre desarrollo y preservación, el desenlace vuelve a quedar abierto.
La advertencia ya está planteada. Y el tiempo, esta vez, puede ser determinante.