La Tecla Mar del Plata
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Nicole Kidman ha vuelto a generar titulares al reflexionar públicamente sobre uno de los divorcios más comentados de Hollywood: su separación de Tom Cruise tras más de diez años de matrimonio.
La pareja, que se conoció durante el rodaje de Días de trueno (1990) y se casó en Nochebuena de ese mismo año cuando Kidman tenía solo 23 años, se convirtió en la pareja más fotografiada y mediática de los años 90. Además, ellos adoptaron dos hijos: Isabella Jane (1992) y Connor Antony (1995). Su relación terminó oficialmente en febrero de 2001, después de un proceso doloroso.
En una conferencia reciente, la mujer afirmó al respecto: “Fue lo mejor que me pudo pasar en mi carrera como actriz”, aseguró la intérprete. Explicó que en ese momento “estaba huyendo de mi vida, no era capaz de afrontar la realidad” y que, como actriz, encontraba refugio sumergiéndose en los personajes de otros.
Kidman detalló cómo el divorcio marcó un punto de inflexión en su trayectoria. Tras la separación, su carrera despegó con papeles más complejos y aclamados por la crítica, culminando en el Oscar a Mejor Actriz por Las horas (2002). Sin embargo, también reconoció el lado más oscuro de ese éxito: “Eso provocó una revelación: ‘Esta no es la respuesta’. Tenía en mis manos una estatua de oro y me sentía más sola que nunca”.
A pesar del tiempo transcurrido, las declaraciones de Kidman resurgen con fuerza y muestran cómo una de las crisis personales más públicas de su vida se transformó, paradójicamente, en el motor de su madurez artística.