De forma reciente, en una serie de laboratorios alemanes se han creado insectos que llevan minúsculos sensores, módulos de IA de borde y enlaces de datos cifrados para infiltrarse en entornos donde ningún dron o robot convencional podría operar sin ser detectado.
Estas creaciones aprovechan la biología natural agilidad, sigilo y capacidad para atravesar grietas, escombros o vegetación densa y la combinan con tecnología de punta: interfaces neuronales que permiten control remoto o autonomía, procesamiento de datos en tiempo real y transmisión segura de información. El resultado es una herramienta de reconocimiento persistente, discreta y de bajo riesgo para soldados humanos.
En 2025 la compañía vivió un ascenso meteórico: duplicó su valoración hasta los u$s13.000 millones tras rondas de inversión exitosas con fondos como Vertex Ventures US, Possible Ventures y Capnamic, y captó 13 millones de euros adicionales. Recientemente confirmó que sus sistemas ya pasaron de prototipos a pruebas de campo con clientes pagantes de la OTAN, incluyendo unidades de la Bundeswehr alemana.
El proyecto se enmarca en la estrategia alemana de impulsar startups de defensa con acceso directo a las fuerzas armadas, eliminando trabas burocráticas y facilitando contratos rápidos en la Unión Europea.
El contexto global, la guerra en Ucrania, tensiones en el Indo-Pacífico y el rearme acelerado de varios países, impulsa esta fusión entre biotecnología, robótica e inteligencia artificial como prioridad estratégica.
Aunque SWARM Biotactics destaca aplicaciones defensivas y de protección de infraestructura crítica, la tecnología genera debate ético sobre el uso de animales modificados, posibles derivas hacia vigilancia civil y los límites de la guerra autónoma. Por ahora, la firma insiste en que su objetivo es minimizar bajas humanas y maximizar precisión en inteligencia.