Lo que comenzó como una disputa sentimental atravesada por el nombre de Mauro Icardi escaló hasta el prime time, ese territorio donde el ego y el fracaso se encuentran.
El choque es frontal. De un lado, Wanda, instalada como figura fuerte de Telefe y al frente de MasterChef Celebrity, ajustando horarios, acelerando promociones y marcando territorio con la seguridad de quien sabe que tiene poder.
Del otro, La China, protagonista de La hija del fuego: La venganza de la bastarda, apostando al misterio, a la ficción intensa y a una legión de seguidores que no perdona.
La tensión se siente en el aire. No se habla de recetas ni de guiones: se habla de quién pisa a quién. Wanda va al frente, sin disimular las ganas de enfrentarse cara a cara en la pantalla. La consigna es clara: no esquivar, no ceder, no correrse.
La China, fiel a su estilo, no grita: afila. Desde el silencio elegante, deja caer frases medidas, miradas cargadas y una calma que incomoda. No necesita nombrarla. En esta guerra, no decir también es atacar.
Mientras tanto, las redes sociales son un incendio permanente. Por ahora, una sola certeza: esto no terminó.