31 de agosto de 2025
GRAVE
El crematorio municipal: el abandono del EMSUR que allana el camino a la privatización
A dos años de su cierre, el crematorio del Cementerio Parque sigue inactivo. Entre promesas incumplidas, presupuestos opacos y sospechas de negocios privados, la gestión del EMSUR muestra su costado más vulnerable y deja a cientos de familias a merced del tarifazo funerario.

El horno crematorio del Cementerio Parque, inactivo desde 2023, se ha convertido en un emblema del abandono. El Ente Municipal de Servicios Urbanos (EMSUR), bajo la conducción del expultista que busca su espacio en las filas libertarias, Santiago Bonifatti, ha sido incapaz de ofrecer una respuesta seria a un problema que golpea directamente a la vida cotidiana de los vecinos, cuando fallece un ser querido.
La sucesión de promesas incumplidas, partidas presupuestarias declaradas pero sin ejecución clara, y la falta de informes al Concejo Deliberante configuran un cuadro de desgestión sistemática. No se trata solo de un servicio funerario clausurado: es un reflejo del deterioro generalizado en las necrópolis municipales, donde abundan denuncias por inundaciones, bóvedas deterioradas, nichos en ruinas y vandalismo sin control.
Pero el vacío de gestión no es inocente. Mientras el crematorio público permanece paralizado, los privados incrementan su demanda y cobran tarifas que duplican el valor que ofrecía el municipio. La falta de avances en las obras, que según el propio presupuesto estaban previstas, alimenta la sospecha de que detrás de la desidia se esconde un cálculo político: dejar morir el servicio para luego justificar su privatización.
En este entramado, el EMSUR no está solo. La secretaría de Obras Públicas, responsable de la infraestructura, también carga con la inacción. La impermeabilización de la sala velatoria y la reparación del horno pirolítico aparecieron en los documentos oficiales, pero nunca pasaron de los papeles. El recorte en la obra pública municipal consolidó un escenario crítico, sacrificando incluso servicios tan sensibles como el destino de los restos humanos.
La política local se enfrenta, entonces, a una disyuntiva clara: o se recupera el crematorio como servicio público esencial o se abre paso a una privatización de hecho, en la que el mercado se apropie de un derecho que debería estar garantizado por el municipio.
Mientras tanto, las familias siguen pagando el precio más alto: el de despedirse de sus seres queridos sin alternativas accesibles, entre el osario común y el tarifazo privado.