CRISIS
15/09
Aseguran que la pospandemia generará un aumento “inusitado” de la desigualdad y la pobreza
El segundo informe del Observatorio de Conflictividad Social de la UNMdP plantea que la aplicación del ASPO no es acompañada por medidas que "amortigüen las consecuencias" de dicha medida. También advierte una merma pronunciada en las huelgas y paro de actividades a raíz de las restricciones impuestas.

En el marco del segundo informe del año del Observatorio de la Universidad Nacional de Mar del Plata, los investigadores destacan que hasta la semana 34 del 2020, más precisamente agosto, se registró un “impacto negativo” del aislamiento social, preventivo y obligatorio (ASPO) en las condiciones de vida de los asalariados.

Si bien el informe, coordinado por Agustín Nieto, plantea que el ASPO es necesario, “su aplicación no es acompañada suficiente y eficazmente por medidas que amortigüen las obvias consecuencias que dicha medida acarrea para las clases populares”.

En este sentido, en el período analizado “se produjeron distintas protestas que parecen haber cambiado la tendencia predominante de la conflictividad” en Mar del Plata desde que arrancó la cuarentena. Este contexto está “emparejado con la acumulación de diversos agravios y variaciones en la instrumentación del ASPO; sin embargo, el pico de contagios y fallecimientos durante el mes de agosto abre un nuevo escenario, tan incierto como el anterior, aunque más preocupante”, indican los investigadores.

De cara al futuro, advierten que el nuevo escenario “estará signado por el incremento inusitado de la desigualdad y la pobreza”. Y que las “luchas y protestas populares se ven fuertemente menguadas por el ASPO”, por lo que “la barrera de contención popular a las ansias patronales de mayor ganancia es mucho más débil que antes”.

 Yendo a los números, si se traza una comparación entre 2019 y 2020, el año pasado casi dobla al actual en lo que respecta a la conflictividad acumulada durante las primeras 34 semanas. “La brecha entre ambos años disminuye a partir de la semana 20, y muestra un pico en 27, que supera los guarismos pre ASPO y la conflictividad que para aquella semana mostró el año 2019”.

Ante esta situación sanitaria, la conflicitivdad laboral ligada a huelgas y paros de actividades sufrió una merma importante a partir de la vigencia del ASPO. “Luego del pico pre-ASPO en la semana 10, las huelgas y los paros estuvieron ausentes y reaparecieron después de más de 40 días de cuarentena”, agregan los autores. 

Aunque advierten: “Entre las semanas 16 y 24 hubo actividad huelguística, pero muy por debajo de los indicadores pre-ASPO. Sin embargo, la semana 27 muestra un alza muy marcada en este tipo de formatos de lucha obrera que sobrepasa y duplica los valores más altos alcanzados durante las semanas previas a la cuarentena. La caída de los índices de las últimas semanas se produce en un contexto de aumento acelerado de casos Covid-19 que ponen en jaque al ya endeble sistema local de salud”.

Entre las huelgas más significativas en lo que va del año, enumeran los paros de colectivos, el conflicto portuario, la huelga de repartidores, la protesta de la Sociedad Rural y el paro internacional de mujeres. No obstante, aseveran, estas expresiones "no fueron el único formato de lucha desplegado en estos meses”.

Aquí afloran otras modalidades, como “los ataques, los cortes de calles y rutas, los bloqueos y las ocupaciones”, que tienen su pico en las semanas 27 y 28. En esa línea, también a partir de la extensión del ASPO se evidencian distintos reclamos ligados a las consecuencias de la pandemia: denuncias de casos de covid, pedidos de reapertura, habilitación de actividades comerciales, deportivas y religiosas, emergencia de los CBE (Comités Barriales de Emergencia), etcétera.